Mementos

Desde el final de la Edad Media, como nos mostró J. Huizinga, hubo un desespero, mitad melancolía de otoño —«Mundus senescit», el mundo se hace viejo—, y mitad pura pataleta por el hecho de tener que morir; y, en esas mismas complacencias en la muerte, había también mucho de desatado furor y rencor democráticos en una sociedad estamental irreductible: «¡Por lo menos todos iguales en los gusanos y el sepulcro!».

Y, en el Barroco, todas aquellas Cortes y cortejos de la Muerte como Señora Universal del mundo en el medioevo, se hicieron obsesión y médula del pensar y del sentir. Los predicadores decían cosas como que el hombre era menos que nada, porque, si fuera nada, ya sería algo, y eso parecía complacer a todo el mundo. Las calaveras se enfundaban en brocados, y parecían las reliquias y los tesoros más preciados. Reforma y Contrarreforma habían vestido de negro a toda Europa, y las grandes casas apenas si encontraban un cocinero al que no se le cortase la salsa mayonesa, porque no podía dejar de pensar en la predestinación o en la fugacidad de la vida mientras la fabricaba. Y distracción mundana era salir a dar un paseíto, y aprovechar la ocasión para visitar un cementerio, que se estaba mondando de cadáveres. Pero el caso es que parece que no salimos de estas alegrías, sino que, como se han hecho más cosmopolitas, sólo se han multiplicado, y además se nos sirven en casa, y, más bien, a la hora de las comidas. Incluidas las mondas de fosas comunes.

La linterna mágica, que a todos nos gobierna, apenas abre la sección de noticias, nos inunda ciertamente de cadáveres. Día tras día. Y es cierto que luego pone la coda épica del fútbol, o en los intervalos publicitarios se nos inunda también de coches y señoritas ligeras de cascos y de ropa; aunque, naturalmente, una vez que nos han condimentado todo con el acíbar de la muerte, ¿qué cuenta todo lo demás? O también los cadáveres se convierten en salsa de la vida. Y, entonces, todo es un horrible asunto, claro está. Un espantoso neobarroco.

Retrato

Habla poco, y a muy pocos

se atreve a llamar amigos,

pasa de largo si hay bulla,

no visita a sus vecinos,

cruza la calle fumando,

siempre dentro de sí mismo,

viendo el mundo desde fuera

igual que quien lee un libro,

atrapado —sin salida—

en su propio laberinto,

pero ni sordo ni ciego

ni indiferente ni frío:

un solitario que vive

con una mujer y un niño.

Conviene no olvidarlo

   Por esta senda,

que llaman vida, todos

   vamos a tientas,

   igual que un ciego.

En ceniza terminan

   todos los fuegos.

Hoy te has ido de fiesta con amigas,

y sin que tú lo sepas me regalas

un tiempo de estar solo que ya empieza

a ser raro en mi vida, un tiempo útil

para intentar pensar en ti como si fueras

lo que siempre debiste seguir siendo

cuando pensaba en ti: aquella persona,

en todo semejante a cualquier otra,

que una noche lejana tuvo el gesto

generoso y extraño de entregarme su amor.

Pero el amor nos cambia, nos convierte en espías

ridículos del otro, en implacables jueces

que condenan sin pruebas y comparten

sus estúpidas penas con el reo.

El amor nos confunde y trata ahora

de que vea en tu fiesta una traición.

Por huir de esa trampa me amenazo

con los nombres que cuadran al que cae en su vacío:

egoísta, ridículo, inseguro, celoso…

Y como un ejercicio de humildad pienso en ti

divirtiéndote sola: te imagino bailando

y mirando a otros hombres;

al calor del alcohol

confiesas a una amiga algunas cosas

que te irritan de mi sin que yo lo sospeche,

y por unos instantes saboreas

una vida distinta que esta noche te tienta

porque eres humana, aunque no me haga gracia.

Ahora caigo en la cuenta de que dudas

como yo dudo a veces, y que también te aburres,

y que incluso algún día habrás soñado

follar como una loca con el tipo que anuncia

la colonia de moda.

Para calmarme un poco

tras la última idea, yo me digo

que el amor es un juego donde cuentan

mucho más los faroles que las cartas,

y procuro ponerme razonable,

pensar que es más hermoso que me quieras

porque existen las fiestas, y las dudas,

y los cuerpos de anuncio de colonia.

Lo que quiero que sepas es que entiendo

mejor de lo que piensas ciertas cosas,

que soy tu semejante, que he pensado besarte

cuando llegues a casa; y que es el amor

-ese tipo grotesco y marrullero-

el que va a hacerte daño con palabras

absurdas de reproche cuando vuelvas,

porque ya estás tardando, mala puta.

Vicente Gallego.-

“And meanwhile time goes about its immemorial work of making everyone look and feel like shit.”

― London Fields by Martin Amis, born on this day in 1949

"¿Quién es libre? El sabio que puede dominar sus pasiones, que no teme a la necesidad, a la muerte ni a las cadenas, que refrena firmemente sus apetitos y desprecia los honores del mundo, que confía exclusivamente en sí mismo y que ha redondeado y pulido las aristas de su carácter." 

"Logic may indeed be unshakeable, but it cannot withstand a man who is determined to live. Where was the judge he had never seen? Where was the High Court he had never reached? He raised his hands and spread out all his fingers. But the hands of one of the men closed round his throat, just as the other drove the knife deep into his heart and turned it twice."

—from THE TRIAL by Franz Kafka

LIBRO DE JOB 38-40

Adórnate ahora de majestad y de alteza,

Y vístete de honra y de hermosura.

11 Derrama el ardor de tu ira;

Mira a todo altivo, y abátelo.

12 Mira a todo soberbio, y humíllalo,

Y quebranta a los impíos en su sitio.

13 Encúbrelos a todos en el polvo,

Encierra sus rostros en la oscuridad;

14 Y yo también te confesaré

Que podrá salvarte tu diestra.

"Hay que aprender a callar y aprender a marcharse. De cualquier lugar donde una determinada contradicción toque a la vida y deje sin aire a nuestro ser hay que marcharse"

We swallow greedily any lie that flatters us, but we sip only little by little at a truth we find bitter.
~Diderot